Nunca pensé que mi playera original de los Longhorn que había comprado en una venta de garage en la increíble cifra de un dólar, ¡sí, 1 dólar!, abriría un debate con mi sobrino, estudiante de los Aggies de College Station.
“Oye, tío, ésa es una ofensa para mí”, fue su primera reacción al saludarme. -¿Qué cosa?, respondí con asombro.
“Pues esa playera es de nuestros rivales de la universidad”, me contestó de inmediato. -Ah, pues no sabía, yo sólo la compré porque estaba nueva y costaba sólo un dólar, le dije con singular extrañeza.
“Pues para que sepas de qué nivel es la rivalidad... haz de cuenta que son Tigres y Rayados (equipos de soccer en Monterrey, Nuevo León), y mejor yo te doy tu dólar para que te quites la playera barata”, me dijo.
El día transcurrió normal, no hubo necesidad de quitarme la playera, pero si más adelante me llega a regalar una original de los Aggies, ya verán que no le haré el feo.
Realmente el color de la playera de los Longhorn no está entre mis favoritos. Es más, cualquier tono cafecino siempre me ha parecido como el “patito negro” de los colores. Chequen todas las tonalidades y se darán cuenta de que no existe otro color más “gris”, sin personalidad, triste y carente de atractivo que el café. Ah, hasta parece que estuviera describiendo a una persona, y no es más que un patético color.
Bueno, pues a fuerza de ver ese extraño tono de los Longhorn, que parece naranja descolorido, amarillo acafesado, café matizado, el caso es que ya me empieza a gustar. Ya no lo veo tan feo.
Lo que sí detesto es usar, y mucho más comprar, un jersey con publicidad invasiva en toda la playera. Esa que te hace ver como si te hubiera comido un auto NASCAR. Ahí sí, no le entro... y todavía peor, están las franquicias NBA, que por cada celebración banal, sacan una playera conmemorativa, para el obligado consumo de sus fieles seguidores. Esto sí es mercadotecnia.
Pero, bueno ya me desvíe del tema. Yo estoy de acuerdo con mi sobrino sobre el tema de la rivalidad de equipos, pues esto le da sabor a cualquier conversación, sin caer en el fanatismo. Debemos entender la pureza de cualquier competencia, y tener claro que no es un asunto de vida o muerte.
Esta misma rivalidad entre equipos de una misma ciudad o estado, engrandecen a su gente, pues desarrollan habilidades competitivas en sus propias trincheras.
Sin embargo, yo quiero proponer un día de tregua al año entre los Longhorn y los Auggies. Ésta sería la única ocasión en que cualquier aficionado podría cambiar de equipo, usar la playera del rival o intercambiar saludos amistosos entre sí. A ese día del año se le llamaría el Día de los Longgies. El color característico del nuevo jersey amistoso tendría que resultar de la fusión que arroje el café “raro” de los Longhorn y el guindo de los Aggies.
La fecha estipulada, debe ser pactada en época de tregua, es decir en uno de los recesos estudiantiles que marca el calendario escolar, puede ser cualquier día de diciembre o quizá en alguna fecha de junio. Sin embargo, se aceptan sugerencias.
EL PREGUNTÓN ¿Por qué la gente se empeña en decir que lo único importante es competir, si todos nos empeñamos en ganar y borrar a nuestros rivales?
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